Olvídate de que nada te hiera,
de que nada desagradable entre y haga de tu corazón su compañerx.
Nos pasamos los días, horas y minutos, protegiendonos de los demás, de su olvido hacía ti, de su inconsciencia hacia tus emociones y sobre todo de tu implicación en algo más que no solo lo superfluo.

Me retiré a la sala de curas para atender todas las heridas de una sociedad consumida por el dolor.
Quise cerrarlas demasiado pronto sin querer ver que caería de nuevo en heridas abiertas. La sala de curas, debo decirte no es todo blanco, hay grises también.

Ahora aunque sea con muletas, ya quiero salir fuera de esta sala que tanto me ha ayudado a ver.

Thais Calvo
thaisvlcyellow28@gmail.com

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