Rozas la piel y manchas el corazón.
Asustas al alma y encojes el cuerpo.
Dibujas atisbos de palabras pronuncidas pero que nunca irán cogidas entre el aire de tus pulmones.

Nos volvemos locos entre las contradicciones de nuestra mente, quizás estemos ya idos, quizás esté todo bien entre rugidos y alivios.

La lección es aceptar esa contradicción sabiendo que dejará de arañar la piel para volver de nuevo a acariciarla.

Thais Calvo
thaisvlcyellow28@gmail.com

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