Heridas

Te hieren tan rápido como

un jarrón de cristal cae al suelo y se rompe.

Tienes espinas clavadas en tu corazón,

y máscaras puestas en tu rostro y boca.

La luz está en un rincón acorralada por

todas las sombras.

 

Pretendes que ellos cambien,

para no ver tus heridas.

Las niegas, duele demasiado,

es demasiado duro estar bien.

 

Sigues pretendiendo que nada va contigo,

que todo es perfecto en el mundo de mentira.

Pero te hieren tan rápido como un jarrón de cristal

cae al suelo y se rompe.

 

Muchos adultos rotos hacen de la siguiente

generación el mismo reflejo que ellos.

Y así,  las quejas por las sombras exteriores se siguen oyendo.

 

La frase “sé el cambió que quieres ver en el mundo”

te viene muy grande, porque sientes que no eres nada

en este mundo tan grande para que ocurra ese cambio.

Ni siquiera te lo crees en tu mundo.

Eso cuesta demasiado  y lo haces sinónimo de imposible.

 

El dolor va a seguir ahí, aunque tú no quieras verlo.

Las heridas van a seguir haciendo de las suyas

cuando tu no lo veas, y cuando si lo hagas.

Las sombras se van a proyectar cada vez más

cuanto más las niegues.

 

Pero eres feliz en tu superficial mundo de mentira.

Cuando en el fondo tienes espinas clavadas en el corazón

y mascarás puesta en tu rostro y boca.

 

Nadie dijo que el cambio fuera sencillo de alcanzar.

A veces los cambios duelen en el trayecto.

Recuerda que sigues teniendo tu luz ahí dentro queriendo

brillar como se merece.

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