Imprevisto.

Inesperado.

Así, de igual manera

maravilloso.

 

Eres tranquilidad en mis tormentas.

Comprensión en mis inquietudes.

Eres amor y deseo.

Sabes mis mayores temores,

sabes que tengo mas de los que me gustaría.

 

Conoces mi lado roto.

Cuando mis temores tocan más fuerte mi puerta

y cuando solo pienso que huirás de ellos,

tú, te quedas.

Y ahí, me dejas llena de paz,

sabiendo que tu no huirás

sino que acariciarás mis sombras para que

pueda con más facilidad convertirlas en luces.

 

Quisiera escribirte tanto

como quizás no puedes imaginarte.

Por qué esta es una de las formas más bellas que conozco de expresarme.

Aunque no siempre salen las palabras que desearía.

 

Eres tranquilidad en mis tormentas y comprensión en mis inquietudes.

 

Tú, preciosa bendición inesperada.

Cuéntame al oído todos tus miedos, todos tus temores.

Que, aquí me quedaré a escucharlos.

A escucharte, no solo lo que me cuentas

sino lo que no puedes contar.

 

Aquí me quedaré en los días y en las noches.

Para taparte con mis abrazos

y que los inviernos sean menos fríos.

 

Y en los veranos cógeme de la mano

por qué el corazón ya me lo habrás robado.

 

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